Guía para propietarios primerizos: errores típicos al alquilar tu primera vivienda
Alquilar por primera vez tu vivienda da respeto. Es normal. Tienes miedo de equivocarte, de acabar con inquilinos morosos, de no hacer bien el contrato de alquiler o de no saber cómo reaccionar si algo se tuerce. La buena noticia es que muchos de esos miedos se pueden reducir si conoces los errores más habituales y te preparas antes de firmar nada.
En esta guía encontrarás los principales errores al alquilar tu primera vivienda y, sobre todo, qué puedes hacer para evitarlos, apoyándote en la normativa vigente y en herramientas como el seguro de impago de alquiler, sin verlo como una solución mágica, sino como una pieza más de protección.
1. Empezar sin entender bien el mercado de alquiler
Antes de colgar el anuncio, es clave que dediques un rato a conocer el mercado de tu zona. Muchos propietarios primerizos fijan el precio “a ojo”, basándose en lo que pagaban ellos o en lo que creen que “vale” su casa, y eso genera problemas desde el primer día.
Si pones un precio muy alto, puedes pasarte meses sin recibir visitas o acabar atrayendo perfiles que aceptan cualquier condición porque no consiguen alquilar en otro sitio. Si te quedas corto, no solo pierdes rentabilidad; también puede ocurrir que el piso “huela” a oferta demasiado buena y genere desconfianza. Revisar anuncios similares, consultar portales especializados y, si tu vivienda está en una zona tensionada regulada por la Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda, revisar los límites legales te ayudará a moverte dentro de un rango razonable y seguro.
Además, conviene que te informes en fuentes oficiales como el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, donde puedes actualizarte sobre cambios normativos, limitaciones de renta y otros aspectos que afectan al precio del alquiler.
2. Elegir al inquilino sin hacer un buen estudio de solvencia
Uno de los errores al alquilar tu primera vivienda más frecuentes es dejarse llevar por la primera impresión: te cae bien, parece responsable, te cuenta que “jamás ha dejado de pagar”. Eso está bien como punto de partida, pero no basta.
Un estudio de solvencia básico debería incluir, como mínimo:
- Justificante de ingresos (nóminas recientes o justificantes de actividad en caso de autónomos).
- Contrato de trabajo o una prueba de estabilidad en los ingresos.
- Declaración de la renta o documentación que demuestre que puede asumir la renta sin ahogarse.
Varios portales y profesionales inmobiliarios coinciden en que la dificultad para cobrar suele estar relacionada con una mala selección inicial del inquilino. Por eso, pedir documentación económica y revisarla con calma no es desconfiar por deporte, es proteger tu propiedad y a la vez evitar que la persona se meta en un alquiler que realmente no puede asumir.
También existen ficheros de inquilinos morosos gestionados por entidades privadas. Pueden ser una herramienta más para detectar riesgos, pero deben utilizarse respetando la normativa de protección de datos y siempre informando al candidato. Y, sobre todo, no sustituyen a tu análisis de solvencia ni a una buena conversación para entender su situación.

3. Firmar un contrato de alquiler débil o desactualizado
Otro clásico de los propietarios novatos es usar un documento antiguo que encontraron por internet, reciclar un contrato de hace años o incluso confiar en un acuerdo verbal “porque nos damos la mano y ya está”. Es uno de los errores más caros.
El contrato de alquiler debe ajustarse a la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y a las reformas más recientes. Algunos puntos clave que no deberían faltar:
- Identificación completa de arrendador y arrendatario.
- Descripción del inmueble y anejos (plaza de garaje, trastero, etc.).
- Duración del contrato y prórrogas, según lo previsto en la LAU.
- Importe de la renta, forma de pago y fecha.
- Actualización de la renta (por ejemplo, referencia al índice de actualización permitido por la normativa vigente).
- Fianza y garantías adicionales, dentro de los límites legales.
- Reparto de gastos (suministros, comunidad, IBI).
- Reparaciones y mantenimiento, siguiendo lo que establece la ley (pequeñas reparaciones a cargo del inquilino, conservación estructural a cargo del propietario).
En la web del Boletín Oficial del Estado puedes consultar la LAU actualizada, y el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana ofrece modelos orientativos de contratos. Usarlos como base es una buena forma de evitar cláusulas obsoletas o directamente nulas.
Ten en cuenta que algunas condiciones que a veces se cuelan en contratos caseros pueden ser consideradas abusivas (por ejemplo, limitar derechos que la ley reconoce al inquilino, o exigir garantías desproporcionadas). El propio Ministerio de Consumo y distintas oficinas de información al consumidor advierten sobre este tipo de cláusulas, por lo que conviene no improvisar.
4. No protegerte frente al impago… o confiar solo en el seguro
El miedo a los inquilinos morosos es uno de los grandes frenos cuando alquilas por primera vez. Y tiene sentido: un impago prolongado no solo supone dejar de cobrar la renta, también implica gastos legales, tiempo y desgaste personal.
Aquí se suelen cometer dos errores opuestos:
- No tomar ninguna medida específica frente al impago.
- Pensar que con contratar un seguro de impago de alquiler ya está todo hecho.
Lo razonable suele estar en medio. Una combinación habitual de protección incluye:
- Un buen estudio de solvencia previo, como hemos visto antes.
- Un contrato de alquiler claro, que indique qué ocurre ante el impago y cómo se resuelve el contrato.
- Garantías adicionales (aval personal, garantía adicional en metálico dentro de los límites legales fijados por la normativa autonómica o estatal).
- Y, en muchos casos, un seguro de impago de alquiler que complemente todo lo anterior.
Este tipo de seguros suele incluir, según la póliza, cobertura de varias mensualidades de renta impagada, defensa jurídica y, en ocasiones, determinados daños al inmueble. Algunas aseguradoras también ofrecen el servicio de análisis de solvencia del candidato antes de aceptar la póliza, lo que añade una capa extra de filtro.
Lo importante es que entiendas el seguro como parte de la estrategia, no como excusa para dejar de revisar documentación o aceptar cualquier perfil. Y, por supuesto, es recomendable que revises las condiciones generales y particulares con la ayuda de una correduría de confianza para asegurarte de qué cubre exactamente y en qué supuestos.
5. Descuidar la fianza, su depósito y el inventario de la vivienda
Un error muy frecuente es tratar la fianza y el inventario como un mero trámite. Sin embargo, son dos piezas que te pueden ahorrar muchos disgustos.
Por un lado, la fianza está regulada por ley: su cuantía mínima y la obligación de depositarla en el organismo autonómico correspondiente (por ejemplo, los institutos de vivienda o las cámaras oficiales de ciertas comunidades). En las webs autonómicas y en el propio portal del Ministerio de Vivienda encontrarás información sobre cómo y dónde depositarla según tu comunidad.
Por otro lado, el inventario es tu mejor aliado cuando haya que comparar el estado inicial y final de la vivienda. Más allá de la lista de muebles, es muy útil:
- Hacer un reportaje fotográfico o en vídeo de cada estancia.
- Describir el estado de paredes, suelos, electrodomésticos y muebles principales.
- Adjuntar el inventario al contrato y firmarlo por ambas partes.
Muchos conflictos sobre retenciones de fianza se deben a que “no hay pruebas” de cómo estaba realmente la vivienda. Un buen inventario es una forma sencilla y relativamente rápida de evitar discusiones futuras y de ser justo tanto contigo mismo como con el inquilino.

6. Confiar en la palabra y no dejar constancia de nada
Otro de los grandes errores al alquilar tu primera vivienda es confiar demasiado en los acuerdos de palabra. Durante la relación arrendaticia vas a hablar muchas cosas: pequeños arreglos, retrasos puntuales, cambios en el número de ocupantes, etc. El problema llega cuando, ante un conflicto, ninguna de esas conversaciones está documentada.
Algunas buenas prácticas que recomiendan las guías oficiales para inquilinos y que también son útiles para ti como propietario son:
- Usar siempre métodos de pago que dejen rastro (transferencia bancaria, domiciliación).
- Confirmar por escrito (correo electrónico) acuerdos relevantes: autorizaciones de obras, ampliación de plazo para un pago, cambios de cuenta, etc.
- En caso de impago, actuar pronto y de forma ordenada: recordatorio amistoso, requerimiento formal por escrito y, si no hay solución, acudir al cauce legal.
El Instituto de la Juventud (Injuve) y el Ministerio de Juventud e Infancia han publicado guías donde se insiste en la importancia de evitar informalidades excesivas (por ejemplo, pagos en mano sin recibo, documentos enviados solo por mensajería instantánea). Aunque están enfocados a inquilinos, te sirven como mapa de lo que se considera una práctica segura desde el punto de vista jurídico.
7. Desconocer tus obligaciones como arrendador y los derechos del inquilino
Como propietario primerizo es fácil centrarse solo en “protegerte” y olvidarte de que también tienes obligaciones. Pero ignorarlas puede llevarte a conflictos, denuncias e incluso sanciones por consumo.
Entre otros aspectos, deberías conocer:
- Qué parte de las reparaciones te corresponde según la LAU (conservación, habitabilidad, vicios ocultos).
- Los plazos de preaviso para no renovar el contrato o para recuperarlo por necesidad propia, y cómo deben comunicarse.
- Qué gastos puedes repercutir al inquilino y cuáles no.
- Qué prácticas están consideradas abusivas por las autoridades de consumo (por ejemplo, cobrar comisiones que, por ley, deben asumir los propietarios).
En el portal de consumo del Ministerio de Consumo y en las oficinas municipales y autonómicas de información al consumidor encontrarás información sobre arrendamientos urbanos y modelos orientativos de reclamación. Conocerlos también te ayuda a evitar prácticas incorrectas sin darte cuenta.
Cuando entiendes bien tus obligaciones y los derechos de tu inquilino, no solo reduces riesgos legales: también te resulta más fácil construir una relación de confianza y de larga duración, que al final es la mejor “póliza” que puedes tener.
8. Últimas claves antes de alquilar por primera vez
Si evitas los principales errores que hemos comentado en esta guía ya vas por muy buen camino. A partir de ahí, lo que marca la diferencia es cuánto quieres proteger tus ingresos y tu tranquilidad.
Un seguro de impago de alquiler encaja justo en ese punto: no sustituye tu responsabilidad como propietario, pero te permite dormir más tranquilo sabiendo que, si surge un problema serio con el pago de las rentas, tendrás respaldo económico y jurídico. Para ti supone:
- Tener cubiertas varias mensualidades de renta impagada según la póliza.
- Contar con abogados especializados que se encargan del procedimiento de reclamación.
- Apoyarte en el análisis previo de solvencia que realizan muchas aseguradoras antes de aceptar al inquilino.
Tu seguro de impago de alquiler
desde sólo
Al final se trata de equilibrar tres pilares: seguridad jurídica, usando modelos y leyes actualizadas; buena gestión, seleccionando bien a quien va a vivir en tu casa; y protección económica, apoyándote en un seguro de impago de alquiler adecuado a tu situación.
Si te asesoras con una correduría especializada en alquiler y revisas bien las condiciones, podrás alquilar tu primera vivienda con mucha más confianza, sin que el miedo a los inquilinos morosos sea el que decida por ti.